En una construcción de 8 pisos sobre calle Mackenna, justo al lado del río Rahue, nos llamaron cuando las pantallas del vecino empezaron a fisurarse. La excavación avanzaba y el monitoreo convencional no daba abasto. Ese tipo de susto es evitable si desde el día uno se implementa un plan de instrumentación serio. En Osorno, con su mezcla de suelos volcánicos, terrazas fluviales y un nivel freático que a veces aparece donde uno menos lo espera, el monitoreo geotécnico de excavaciones no es opcional: es la diferencia entre una obra controlada y un problema estructural que escala rápido. Nuestro equipo técnico instala inclinómetros, celdas de carga, piezómetros y prismas topográficos para medir cada milímetro de movimiento. Y si la obra requiere caracterización previa del subsuelo, conviene cruzar esta información con un ensayo CPT para perfilar estratigrafías blandas que demanden contención más robusta.
Un desplazamiento de 15 milímetros en una pantalla de contención no se negocia: se corrige en la misma jornada o se para la excavación hasta estabilizar.



