El error más frecuente que vemos en Osorno es asumir que un ensayo de granulometría basta para estimar cuánta agua va a pasar por el suelo. La truma —ese suelo volcánico tan característico de la zona— tiene una estructura porosa que no se comporta como un limo cualquiera. Cuando se diseña un sistema de infiltración de aguas lluvia en Rahue o una excavación bajo la napa en Francke, lo que realmente manda es cómo se mueve el agua en sitio, no en el laboratorio. Por eso, para proyectos medianos y grandes, siempre recomendamos complementar las calicatas con un ensayo de permeabilidad de campo. El ensayo Lefranc nos da el dato preciso en suelo a profundidad variable, y si aparece roca muy fracturada bajo los depósitos piroclásticos —cosa común hacia el poniente— aplicamos el procedimiento Lugeon con obturador neumático para no perder el sondeo. En Osorno tenemos la ventaja de conocer la estratigrafía típica desde el río Damas hasta Pilauco, y eso nos permite elegir el método correcto sin improvisar.
En los suelos volcánicos de Osorno, el ensayo Lefranc revela permeabilidades hasta diez veces mayores que las estimadas en laboratorio por la macroporosidad natural.



