El error más recurrente que vemos en Osorno es asumir que un suelo firme a la vista garantiza un buen desempeño sísmico. La ciudad está sobre depósitos fluvio-glaciales, arenas volcánicas y estratos de cancagua cementada, cuya rigidez real solo se conoce midiendo la velocidad de ondas de corte. Sin ese dato, el cálculo estructural parte de supuestos que pueden subestimar la amplificación sísmica local. La norma NCh433 exige la clasificación del subsuelo mediante el parámetro Vs30, y ahí es donde el ensayo MASW aporta certeza. Cuando el perfil es muy heterogéneo, combinamos la información con sondajes SPT para amarrar la estratigrafía a la respuesta dinámica.
El Vs30 no es un trámite: define si el cálculo estructural se hace con un suelo tipo C, D o E, y eso cambia el corte basal de diseño.



