Cuando desplegamos el tendido de geófonos y la fuente de impacto sobre los terrenos del sur, sabemos que los apilamientos de ceniza y los flujos de detritos del volcán Osorno esconden capas muy contrastadas. La tomografía sísmica de refracción y reflexión nos permite reconstruir una imagen continua del subsuelo sin perforar, midiendo la velocidad de las ondas P y S a lo largo de arreglos que pueden superar los 200 metros de longitud. En Osorno, donde la cuenca del río Rahue alterna gravas fluviales con intercalaciones de material fino, este método es clave para mapear la profundidad del basamento rocoso y detectar paleocanales que complican la cimentación. El equipo técnico opera con sismógrafos multicanal de alta resolución, ajustando la geometría del tendido según la longitud del perfil requerido y el nivel de detalle que exige cada estudio de mecánica de suelos.
La tomografía sísmica de refracción en Osorno resuelve contactos entre lahares y basamento a profundidades donde la perforación mecánica se vuelve costosa y lenta.



